Sentir energías de personas

Casi todos hemos vivido esa sensación, con algunas personas sentimos una calma difícil de explicar. Con otras, aparece una incomodidad que surge incluso antes de que hayan dicho una sola palabra. Y entonces usamos una frase muy común: «Tiene buena energía» o «Su energía no me gusta». Pero, ¿Qué estamos describiendo realmente? ¿Es una emoción? ¿Una intuición? ¿Una reacción del cuerpo? ¿Un intercambio energético?

Quizá lo primero que sentimos es una emoción. La presencia de alguien puede despertar en nosotros tranquilidad, alegría, tensión o rechazo. No significa necesariamente que esa emoción venga del otro, sino que aparece en nosotros cuando estamos con esa persona. Entonces surge otra pregunta: Si la emoción nace en mí, ¿por qué aparece precisamente cuando estoy cerca de esa persona y no en cualquier otro momento?

También podría ser intuición. Nuestro cerebro procesa miles de señales sin que seamos conscientes de ello: la mirada, la postura, el tono de voz, la forma de moverse… Tal vez nuestra intuición integra toda esa información antes de que podamos expresarla en palabras.

Pero nuestro cuerpo también habla. Hay personas con las que nos relajamos o sentimos una extraña sensación de seguridad. Con otras ocurre lo contrario, el pecho se tensa, el estómago se encoge o sentimos el impulso de alejarnos. ¿Está reaccionando nuestro sistema nervioso? Muy probablemente sí.

Pero sigue quedando una pregunta abierta ¿Es un intercambio energético?

Muchas corrientes espirituales sostienen que las personas emitimos una energía que interactúa con la de quienes nos rodean. Desde esta perspectiva, lo que sentimos no sería únicamente una reacción psicológica, sino el resultado de un encuentro entre dos campos energéticos.

La ciencia, hasta hoy, no ha demostrado la existencia de ese tipo de intercambio energético tal como lo describen esas tradiciones. Sin embargo, tampoco se puede negar que la experiencia subjetiva de «sentir algo» junto a determinadas personas es muy común.

Tal vez la emoción, la intuición, el cuerpo y la energía no sean fenómenos separados, sino diferentes formas de describir una misma experiencia. Quizá el verdadero error sea querer elegir una única explicación para este fenómeno.

La energía que percibo es la del otro o la mía?

Cuando sentimos una conexión inmediata con alguien, solemos decir: «Estoy sintiendo su energía.» Pero, ¿y si la experiencia fuera un poco más compleja? Quizá no estamos percibiendo directamente algo que proviene del otro, sino que lo que realmente percibimos es cómo cambia nuestro propio estado interno cuando esa persona entra en nuestra vida, aunque solo sea por un instante.

Pensemos en un ejemplo: Dos personas pueden conocer al mismo individuo. Una siente paz, la otra siente incomodidad. Si la energía perteneciera únicamente a quien tienen delante, ¿las dos personas no deberían sentir exactamente lo mismo? Sin embargo, la experiencia suele ser distinta para cada uno.

Eso nos lleva a una posibilidad interesante, la energía que sentimos también habla de nosotros. No porque la estemos inventando, sino porque cada persona despierta algo diferente en nuestro interior.

Hay personas que sacan nuestra versión más tranquila, otras despiertan nuestra inseguridad, otras nos hacen sentir confianza desde el primer momento y otras nos ponen en alerta sin que podamos explicar el por qué.

La pregunta entonces cambia por completo. ¿Qué ocurre dentro de mí cuando estoy con esa persona?

La presencia de alguien puede modificar nuestro estado interno. La psicología habla de regulación interpersonal. La espiritualidad lo describe como un intercambio de energías.

Ambas visiones parten de un mismo hecho, el encuentro con una determinada persona nos transforma, aunque sea durante unos minutos. Quizá sea el resultado de dos personas compartiendo un mismo espacio y despertando algo la una en la otra.

¿Existe un «espacio energético compartido» entre dos personas?

Cuando hablamos de sentir la energía de alguien, solemos imaginar dos posibilidades. La primera es que esa persona emite una energía que nosotros percibimos. La segunda es que la emoción nace dentro de nosotros como respuesta a su presencia. Pero, ¿y si hubiera una tercera posibilidad?

Imagina que acabas de conocer a alguien, os acercáis para saludaros con dos besos y durante ese breve instante, sientes una energía envolvente. No sabes prácticamente nada de esa persona, no conoces su historia, no ha habido una conversación profunda. Entonces, ¿qué has sentido? ¿Ha sido únicamente una emoción tuya? ¿Has percibido su energía? ¿O, durante ese instante de cercanía, se ha creado algo que antes no existía? Si lo miramos desde una perspectiva espiritual, podría entenderse como un campo energético común, una especie de resonancia que surge cuando dos personas entran en contacto. 

Qué es la resonancia entre personas?

La resonancia entre personas es la experiencia de entrar en una sintonía emocional, psicológica o energética, en la que la presencia de uno influye en el estado del otro y ambos parecen compartir una forma de conexión que va más allá del intercambio de palabras. 

Desde la psicología interpretan la resonancia como la sensación de dos personas «sintonizando». Dos personas sintonizan cuando la confianza aparece muy rápido, las conversaciones fluyen con naturalidad o tienen una sensación de calma al estar cerca la una de la otra.

La psicología explica estas experiencias mediante procesos como la empatía, la sincronización emocional, la regulación interpersonal o la atención compartida. No necesita recurrir a un intercambio de energía para comprenderlas.

Desde la espiritualidad la resonancia suele entenderse de otra manera. Se considera que cada persona posee una determinada vibración o estado energético y que, cuando dos personas se encuentran, esas vibraciones pueden armonizarse o entrar en conflicto.

Desde esta perspectiva, resonar con alguien no significa únicamente llevarse bien. Significa que ambas energías encuentran una frecuencia común que facilita la conexión. Es una interpretación espiritual que muchas personas encuentran útil para explicar sus experiencias, aunque no esté demostrada científicamente.

Entonces, la resonancia significaría sentir lo que nace entre ambas personas cuando se encuentran. Si tienes una visión psicológica, puedes pensar en una sincronización emocional. Si tu visión es más espiritual, puedes interpretarla como una sintonía energética.

Y ambas explicaciones estarían describiendo una experiencia que muchas reconocen: la sensación de que con ciertas personas «algo encaja» y con otras, aunque todo parezca correcto, simplemente no ocurre.

Qué frecuencias facilitan la conexión entre personas?

Si hablamos de frecuencia como una metáfora, entonces podemos hablar de aquello que facilita que dos personas «entren en sintonía». No sería una frecuencia física, sino una frecuencia humana, compuesta por varios elementos:

1. La frecuencia emocional: 

Dos personas suelen conectar con mayor facilidad cuando sus estados emocionales son compatibles. Cuando ambas se encuentran tranquilas, están abiertas al encuentro o muestran un interés genuino. No significa que tengan que sentir exactamente lo mismo, sino que sus emociones pueden acompasarse.

2. La frecuencia de la atención:

Hay personas que, cuando hablan, están completamente presentes. Escuchan activamente, no están mirando su móvil, no parecen tener prisa. Esa presencia suele generar una sensación de conexión muy profunda porque nos sentimos realmente vistos o valorados.

3. La frecuencia de los valores:

A veces sentimos afinidad con alguien porque compartimos una manera similar de entender la vida. No hace falta pensar igual en todo, basta con coincidir en aspectos esenciales como la honestidad, el respeto, la curiosidad o la forma de relacionarnos.

4. La frecuencia corporal:

Nuestro cuerpo también participa en la conexión. Podemos sentir el ritmo de la respiración de la otra persona, su velocidad al hablar, las pausas que emplea, su postura o mirada.

Diferentes investigaciones muestran que, cuando dos personas conectan, algunos de estos patrones pueden sincronizarse de manera espontánea. No porque compartan una «frecuencia energética» demostrada, sino porque los seres humanos tendemos a coordinarnos durante la interacción.

5. La frecuencia espiritual:

Desde una perspectiva espiritual, muchas tradiciones sostienen que las personas vibramos en diferentes estados de conciencia. En este contexto, hablar de «frecuencia alta» o «frecuencia baja» se refiere a la calidad de nuestro estado interior.

Una frecuencia elevada se entiende como un estado interno de paz, compasión, gratitud y la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Y una frecuencia más baja hace referencia a estados internos como el miedo constante, el resentimiento, la ira sostenida o la desconexión de uno mismo.

Reflexión final:

Quizá no exista una única respuesta. Para algunos, la conexión nace de la afinidad emocional, la atención plena o los valores compartidos. Para otros, además de todo eso, existe una dimensión espiritual que hace posible que dos personas entren en resonancia.

Sea cual sea la explicación que le queramos dar, hay algo que parece repetirse en casi todos los encuentros importantes y es que, la conexión surge de la forma en la que ambas personas se encuentran.

Tal vez eso sea lo que realmente intentamos describir cuando decimos que alguien «tiene buena energía». No necesariamente que emita algo extraordinario, sino que, en su presencia, aparece una versión de nosotros mismos que nos hace sentir profundamente vivos.

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